Si es de una gran calidad, la gente querrá pagar por ello. Tome nuestro caso. Somos una nación de 300 millones, y probablemente unos tres millones leen la revista. Es solo el 1% de la población, podría pensarse. O si no, calcular que con esa gente se puede llenar el estadio de los Yankees muchas veces. Es un montón de gente leyendo piezas largas sobre asuntos inesperados, frente a otros que ofrecen información desgajada como si administrasen comida para gatos. Las revistas que ofrezcan lo que cualquiera es capaz de hacer tendrán problemas. Pueden cortar gastos, pintar sus oficinas de rojo o de azul, pero no solucionarán nada.

Cuando coges una copia de la revista Time te encuentras lo que esperas encontrarte. Las noticias de la semana. No hay nada más viejo en este mundo que el periódico de ayer o la revista Time de la semana pasada. Pero hay muy poco de viejo en una copia antigua de nuestra revista.

Tengo 51 años y soy un poco adicto al papel y todo eso, pero esto no va conmigo, sino con mi hijo de 20 o mi otro hijo de 16. En cualquier caso, son asuntos de importancia secundaria. Si tú quieres leer la revista impresa sobre una lata de refresco, adelante, yo la imprimiré allí. Solo me parece moderadamente interesante discutir acerca de los nuevos dispositivos. Prefiero que hablemos largo y tendido de Anna Karenina que del cacharro que le sirva para leerlo.

A veces me entrevistan y lo único que veo que me preguntan es lo que han leído en los dossiers de prensa, es como si quisieran que les dijera algo que ya saben, solo que un poco cambiado. Cuando empecé en esto me encantó saber lo sorprendente que puede llegar a ser la gente. Sobre todo los grandes hombres…

(David Remnick, entrevistado en EPS)

Mire: el periodismo es una profesión. Yo mismo no era un buen periodista de investigación los primeros años. Lo único que hacía era intentar explicar al lector el quién, el qué, el cuándo y el dónde de una noticia, y quizá a veces el cómo. Pero tuve que patearme las calles durante cuatro años para conseguir mis primeras fuentes y, sobre todo, para entender los asuntos a los que me dedicaba y ser así capaz de explicar a los lectores el porqué de las noticias. Por qué hay una guerra entre bandas de distribución de droga. Por qué aumenta la violencia en Baltimore y la policía no puede hacer nada. Por qué mueren cada vez más policías. El porqué es lo que convierte al periodismo en un juego de adultos, y la única manera de explicar el porqué es mediante periodistas absoluta y enteramente comprometidos con la cobertura de un asunto determinado o una institución. Y para tener ese tipo de periodistas en plantilla, los periódicos tienen que pagarles lo suficiente. Por eso no tengo absolutamente ninguna fe en eso que se llama periodismo ciudadano, o lo que hacen la mayoría de los bloggers. Lo que hacen ellos es comentar las noticias, y a veces lo hacen de manera original, tanto que a veces lo que escriben puede ser interesante. Pero eso es comentar, y comentar no es hacer periodismo. El periodismo no es un hobby, es una profesión.

(David Simon, creador de la serie The Wire y ex reportero de sucesos del Baltimor Sun, entrevistado por Javier del Pino en El País Semanal)

Los periódicos que desaparecen no sólo dejan huecos en el paisaje de las ciudades. También suceden otras cosas que no se aprecian por las calles, pero que sí se notan. Una investigación de la Universidad de Princeton ha estudiado algunos efectos del cierre del Cincinnati Post el 31 de diciembre y ha descubierto lo siguiente:

The next year, fewer candidates ran for municipal office in the suburbs most reliant on the Post, incumbents became more likely to win re-election, and voter turnout fell. (…) Although our  findings are statistically imprecise, they demonstrate that newspapers –even underdogs such as the Post, which had a circulation of just 27,000 when it closed– can have a substantial and measurable impact on public life.

También ha demostrado que estas consecuencias fueron más agudas en los suburbios del norte de Kentucky, que era a los que el diario prestaba más atención y sobre los que publicaba más historias.  Contar las historias sí que importa, se ve (como sospechábamos).

[El informe completo Do Newspapers Matter? (en PDF)]

[via Alan Mutter]

Seattle Post Intelligencer

El Seattle Post-Intelligencer se imprime hoy por última vez después de 146 años, y pasa a operar sólo en internet. Gabi Campanario, periodista e ilustrador que trabaja en The Seattle Times, la competencia, publicó la semana pasada este boceto en su blog, en un post que tituló We’ll miss you P-I.

De algún modo, el diario desaparece del paisaje de la ciudad y deja vacíos, algo que irá sucediendo en muchas otras. Los periódicos también forman parte físicamente de las comunidades sobre las que cuentan historias.

Gabi ha dibujado más bocetos de esos futuros agujeros en Seattle, como el camión de reparto.

newsweek

El Newsweek prepara cambios para sobrevivir. Va a hacer menos, dejando a un lado su vieja tarea de cubrir los principales acontecimientos de la semana. Así que dice su editor, Jon Meacham. que la próxima vez que un piloto pose un avión sobre el río Hudson no enviarán fotógrafos y reporteros a cubrirlo:

If we don’t have something original to say, we won’t. The drill of chasing the week’s news to add a couple of hard-fought new details is not sustainable.

En ese cambio de escala, en el que pasarán de una tirada de 3,1 millones de ejemplares a 1,5 millones, como dice su responsable, Tom Ascheim, se han propuesto centrarse en el grupo de suscriptores que más paga por la revista:

If you can’t get people to pay for what they love, we’re all out of business.

El defensor del lector del NYT, Clark Hoyt, responde a las quejas de sus defendidos sobre una historia echándole la culpa a internet:

The episode highlights a great fear in newsrooms, including The Times’s: that the Internet, with its emphasis on minute-to-minute competition, is undermining the values of the print culture.

Dice que la prisa les empujó a no contrastar suficientemente. Sucedió después de que una fuente anónima de la oficina del gobernador David Paterson les llamara para contarles trapos sucios de Caroline Kennedy, que acababa de retirarse de la puja por el escaño que Hillary Clinton dejaba libre en el Senado. Y Hoyt sigue explicando:

Hakim and Confessore [los reporteros que firmaron la historia] were operating in a fast-moving, confusing and competitive environment. The Paterson and Kennedy camps — everyone speaking anonymously — were giving conflicting accounts. The New York Post had just beaten The Times by nine minutes in publishing its Kennedy-had-problems story.

Uno lo lee y no encuentra nada extraordinario. Es más, recuerda cosas que le decían ya de estudiante, que un periodista quejándose de la prisa es como un pez protestando por vivir mojado.

[La versión final de la historia lo dejaba todo claro.]

emoticonos

Después de la ceremonia de juramento e Obama, el siguiente gran acontecimiento televisivo en Estados Unidos era la Super Bowl, la final de la NFL, que jugaron el domingo pasado los Steelers y los Cardinals. Fue el programa más visto de la historia allí, 98,7 millones de espectadores. Otra ocasión en la que iba a funcionar el salón virtual, en el que uno ve el partido con más que la que tiene al lado en el sofá. Sólo que esta vez se ha podido oír lo que se decía en ese lugar.

El departamento de interactivos NYT montó un gráfico en el que se puede ver las palabras que más se enviaban a Twitter desde varias de las grandes ciudades norteamericanas a medida que avanzaba el partido. Rastreaba palabras y también (muy interesante), emoticonos. En la imagen de arriba se ven los más frecuentes por zonas después de que los Steelers se apuntaran la final con un touchdown a 35 segundos del final.

En las imágenes de abajo (se amplian pinchando) se ve cuál era el runrún en tres momentos del partido: después de un touchdown de los Steelers, cuando salió Bruce Springsteen en el descanso, y cuando terminó el partido.

Seguramente, cada vez encontraremos más formas de escuchar y extraer sentido de lo que se dice en el salón virtual. Y más maneras de mostrarlo de manera significativa. Para eso precisamente son los filtros con los que se puede navegar por el gráfico.

Para superar la crisis se puede decidir hacer menos. O apuntar más alto. Como en Slate, donde el editor, David Plotz, ha decidido mandar a la gente a casa, pero a pensar. Entre cuatro y seis semanas sin horarios, olvidados del ritmo del día. Para regresar luego con un gran reportaje. Plotz quiere una revista mejor:

For Slate to be a great magazine, for us to be as good as we can be, it’s not simply enough for us to be responsive to the news of the moment. We have to do work with a longer time horizon.

[se lo he visto a Jimeno]

Bruce Weber, uno de los periodistas que escribe obituarios en el NYT, contestó en la sección Talk to the Newsroom preguntas de los lectores sobre su trabajo. Me guardo algunas de las respuestas. [en balazos he escrito algo distinto]

The general outlook of the obituary department is that our articles are about lives that have been lived, not deaths that have occurred. Leer el resto de esta entrada »

Jill Abramson, managing editor del NYT, contestaba hace unos días preguntas de los lectores en la sección Talk to the Newsroom. Además de las muchas cuestiones que le enviaron sobre el futuro modelo de negocio y sobre la cobertura del conflicto árabe-israelí, también había una sobre la posibilidad de un cambio de la función del periódico: que pasara a ser una especie de curador o prescriptor de las historias de otros, siendo esos otros agencias y blogs.

Abramson explica que ya hacen algo de eso (con Times Extra y el blog The Opinionator), y que lo van a hacer cada vez más. Pero…

However, none of this is a replacement for our news-gathering. (…) With other news gatherers retreating, what would happen if The Times left it to others to do the first-hand reporting? We view our work reporting the news around the world, from the China earthquake to the financial meltdown on Wall Street, as a public trust that contributes to an informed society. This will always be journalism’s highest calling.

Eso lo preguntaba un lector del NYT. Quizá a Abramson le quedaron ganas de preguntarle a él si en ese caso, pensando en las razones que le hacían serlo ahora, seguiría siéndolo.

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